Publicación continua, Junio, 2023 E-ISSN 2805-850X

Alianza de Investigadores Internacionales, SAS (ALININ)


Cómo citar: Rodríguez, S., Negrón, M., Chirino, R., Plesa, A (2023). Círculo de Bienestar Social Óptimo en América Latina (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconómica. Revista Temario Científi- co, 3. https://doi.org/10.47212/rtcAlinin.1.123.2


 

Círculo de Bienestar Social Óptimo en América Latina (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconómica

Sidart Antonio Rodríguez Jiménez, Miguel Eduardo Negrón Fuenmayor, Raysa Chirino García, Andra-Ioana Pleşa

 

Cuadro de texto: Rodríguez, S.                  Cuadro de texto: Resumen


Universidad Dr. Rafael Belloso Cha- cín. PhD en Gerencia Pública y Go- bierno, Gerencia de la Ciencia, Tecno- logía e Innovación y en Integración y Desarrollo de América Latina. Vene- zuela. https://orcid.org/0000-0002- 8865-3852. sidartarjj@gmail.com

 

Cuadro de texto: Negrón, M.

Universidad Dr. Rafael Belloso Cha- cín. PhD en Gerencia de la Educación Superior, en Estado, Políticas públicas y Paz social, y en Integración y Desa- rrollo de América Latina. Venezuela. https://orcid.org/0000-0003-3054- 0457.miguelnnegronf@gmail.com

 

Cuadro de texto: Chirino, R.

Plesa, A.

 

Abstract

 
Universidad Dr. Rafael Belloso Cha- cín. PhD en Gerencia de las Organiza- ciones y en Gerencia de la Ciencia Tecnología e innovación. Dra. en Cien- cias Gerenciales. Investigadora Senior, CvLac. Venezuela. https:// orcid.org/0000-0002-0336-2870. rchi- rino@urbe.edu.ve


La presente investigación tiene como objetivo proponer el círculo de bienestar social óptimo en América Latina (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconómica; para ello se toman en cuenta los valores de: el Índice de desarrollo humano, Índice de desigualdad humana, Producto interno bruto e Índice de Gini, como los principales indicadores en el área social y económica. Para cumplir con este propósito se realizó una investigación en el enfoque epistémico positivista, enmar- cada en el paradigma cuantitativo, con un tipo de investigación descriptiva y con un diseño documental/bibliográfico. Para la recolección de la información se empleó la técnica de la observación documental, siendo el método estadístico descriptivo el utili- zado para la interpretación de la información recabada. Como resultado, se tuvo que los índices estudiados muestran una realidad socioeconómica diversa en los diferentes países de América Latina, pero es posible establecer tendencias y valores promedios que permiten establecer estándares significativamente aceptables para considerarse como óptimos. En conclusión, los resultados de esta indagación hacen factible la ela- boración de un Círculo de bienestar social óptimo en América Latina (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconómica, cuya aplicación pudiera ser pertinente para otros continentes del planeta.

 

 

Circle of Optimal Social Welfare in Latin America (2018-2020), as a tool for diagnosing the socioeconomic situation


 


 

Universidad Alba Iulia, 1 de diciembre de 1918. Dra. en Derecho, MSc. en Ciencias penales y forenses, Abogada. Docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Investigadora. Alba Iulia. Rumania. https://orcid.org/000- 0001-7658-8611. ioana.plesa@uab.ro

 

Cuadro de texto: Palabras clave

América Latina, círculo del bienestar social óptimo, diagnóstico, indicadores sociales, situación socioeconómica

 

Cuadro de texto: Keywords

Circle of optimal social well-being, diagnosis, Latin America, social indi- cators, socioeconomic situation


The objective of this research is to propose the optimal social welfare circle in Latin America (2018-2020), as a tool for the diagnosis of the socioeconomic situation; for this purpose, the values of: the Human Development Index, Human Inequality Index, Gross Domestic Product and Gini Index, as the main indicators in the social and eco- nomic area, To fulfill this purpose, a positivist epistemic approach research was carried out, framed in the quantitative paradigm, with a descriptive type of research and a doc- umentary/bibliographic design. For the collection of information, the documentary observation technique was used, and the descriptive statistical method was used for the interpretation of the information collected. As a result, it was found that the indexes studied show a diverse socioeconomic reality in the different Latin American coun- tries, but it is possible to establish trends and average values that allow establishing significantly acceptable standards to be considered as optimal. In conclusion, the re- sults of this research make it feasible to elaborate a Circle of optimal social welfare in Latin America (2018-2020), as a tool for the diagnosis of the socioeconomic situation, whose application could be relevant for other continents of the planet.


 

 

Cuadro de texto: https://doi.org/10.47212/rtcAlinin.1.123.2


 


Introducción

 

Ha sido un tema recurrente durante décadas, en los es- cenarios internacionales, el bienestar social de las pobla- ciones. Una respuesta a esta agenda se muestra en la De- claración Universal sobre los Derechos Humanos, promul- gada por la Organización de las Naciones Unidas [ONU] (1948) en Asamblea General del III periodo de sesiones, registrada en la Resolución 217 A (III); la misma en su artículo 1, establece que: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternal- mente los unos con los otros.” Asimismo, el carácter supra- constitucional de este instrumento que forma parte del De- recho internacional público, obliga a todos los miembros de la ONU a su acatamiento.

 

Igualmente, el propósito de velar por el bienestar social en el ámbito mundial se ve reflejado en el contenido del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobados por la Asamblea General de la ONU (1976), en su artículo 1, que expresa:

Todos los pueblos tienen derecho a la libre deter- minación. En virtud de ese derecho determinan libremente su condición política y perseguir libre- mente su desarrollo económico, social y cultu- ral.” (...). Esta normativa establece específicamen- te a los derechos sociales como parte de la garan- tía de lograr una vida digna para cada habitante del planeta.

 

Ahora bien, profundizando en el contenido de la Declara- ción Universal sobre los Derechos Humanos (1948), se tiene que en su artículo 22, expresa:

Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y


los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indis- pensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

 

Lo expuesto en el artículo citado precedentemente, esta- blece que, los derechos sociales son pilares de la dignidad humana, además, que esto se debe satisfacer sin condicio- namiento ni requisito previo alguno; por ello, en todas las constituciones de cada país, debe estar un contenido nor- mativo que incluya las atribuciones que tengan los ciuda- danos para el goce de vida placentera y la garantía por par- te del Estado, de coadyuvar con este propósito. Asimismo, este reto se convierte en la razón para investigar en el pre- sente trabajo, atendiendo la cuestión sobre qué indagar en cuanto a la calidad de vida que se puede expresar en cada país; además, el porqué de este abordaje, ya que, se trata de promover una vida digna para cada habitante del planeta.

 

En este orden de ideas, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999), en su Título III, De los derechos humanos y garantías, y de los deberes; subdividi- dos entre los capítulos del I al IX, relacionados con: Dispo- siciones Generales, la Nacionalidad y de la Ciudadanía, los Derechos Civiles, los Derechos Políticos y del Referendo Popular, los Derechos Sociales y de las Familias, los Dere- chos Culturales y Educativos, los Derechos Económicos, los Derechos de los pueblos indígenas y los Derechos Am- bientales, contenidas entre los artículos 19 y 129, ambos inclusive, destaca la importancia asignada por los legisla- dores a los aspectos mencionados, al momento de la apro- bación del texto de la Carta Magna vigente. Es así, como se afirma que, en la actualidad, gobernantes y ciudadanos, muestran un interés inusitado por la norma constitucional que determina la dinámica de la Nación.

 

Ahora bien, esta tendencia en el marco del derecho


 


constitucional, se aprecia en casi todos los países de la re- gión, como es el caso de Colombia, que en su Constitución Política (1991), dedica el Título II, Capítulo 2: de los dere- chos sociales, económicos y culturales; los artículos: 42 al 77 (ambos inclusive) a detallar la normativa en cuanto a la familia, la niñez, la adolescencia, la seguridad social, la atención a la salud y la educación, la vivienda, el deporte y la cultura, el empleo, los servicios, el uso de los medios informáticos, entre otros, que demuestran la importancia atribuida a las condiciones de sus ciudadanos en estas áreas de la vida de la República.

 

Igualmente, en la Constitución de la República de Ecua- dor (2008), se constata, en el Título II, Capítulo segundo: Derecho al Buen vivir; Capítulo tercero: Derechos de las personas y grupos de atención prioritaria; Capítulo tercero Derechos de las personas y grupos de atención prioritaria; Capítulo cuarto: Derechos de las comunidades, pueblos y nacionalidades; Capítulo quinto: Derechos de participación; Capítulo sexto: Derechos de libertad; Capítulo séptimo; Derechos de la naturaleza y Capítulo octavo; Derechos de protección; es decir, la misma tendencia de darle importan- cia a los derechos sociales de los connacionales.

 

Es pertinente destacar que, tanto en el derecho interna- cional público, en el caso de la Declaración Universal sobre los Derechos Humanos, a la cual se le reconoce el carácter supraconstitucional, como en el derecho constitucional de cada Nación, se aprecian normativas amplias para garanti- zar los derechos que brinden a las poblaciones una calidad de vida acorde con los niveles más elevados.

 

Por otra parte, el resultado de la gerencia pública, ex- puesta en una gran número de informes mundiales de los organismos multilaterales, así como de expertos en el área,


permite apreciar el déficit, en cuanto a logro de una calidad de vida de los ciudadanos, en la mayoría de los países del orbe, en el informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD-ONU (2019, p. 15) donde se puede leer que: “Muchos seres humanos han escapado de la pobreza extrema en todo el mundo, pero aún son más los que no tienen oportunidades ni recursos para tomar las rien- das de sus vidas”. Siendo la pobreza una de las más signifi- cativas variables que determina la calidad de vida de los ciudadanos en cuanto al desarrollo humano, resulta perti- nente estudiar esta arista, junto con otras relacionadas, para conocer la realidad de la población del planeta en cuanto a su bienestar social.

 

Cabe destacar, que el escenario expuesto en los informes de las entidades internacionales que se dedican a estudiar el nivel de satisfacción de los ciudadanos en Latinoamérica, destaca déficit de la mayoría de los gobiernos, de allí que resulta pertinente estudiar este problema con la posibilidad de ofrecer alternativas de solución que pudieran ser viables en su aplicación en las diferentes latitudes. Es así como, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (2020, p. 6), con relación a los objetivos asumidos por los países miembros de la ONU para mejorar la calidad de vida de la población durante los próximos 15 años, expone: “Estos objetivos incluyen indicadores referidos a la disminución de la pobre- za, el hambre, el analfabetismo, la mejora de las condicio- nes de salud y del deterioro ambiental, y la reducción de la desigualdad de género”.

 

Interpretando la cita anterior, se tiene que, el bienestar social es el resultado de la conjugación de varios factores en el marco de un escenario social y económico determinado. Para el caso de la presente investigación, cuyo objetivo es proponer el círculo de bienestar social óptimo en América


 


Latina (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconómica, discrecionalmente los auto- res establecen los siguientes indicadores: el Índice de desa- rrollo humano (IDH), Índice de desigualdad humana (IDH- D) Producto interno bruto (PIB) e Índice de Gini (IG), por considerar que todos tienen un gran poder discriminatorio en la problemática que se estudia.

 

En este sentido, cabe también destacar que, los indicado- res sociales y económicos anteriormente mencionados, con- forman, en un momento determinado, una fuente de infor- mación fundamental para que los gobernantes tengan el diagnóstico de la realidad social y económica para el diseño de políticas públicas pertinentes e idóneas en su contexto social y económico.

 

Se procede a continuación a fundamentar teóricamente los indicadores seleccionados para el estudio:

 

Indicadores sociales y económicos

 

 

Con relación a estos índices, Gutiérrez (2009), expresa:

Estos índices han tenido una utilidad diversa y diferenciada: principalmente son usados como referentes cuantitativos para medir los grados de crecimiento de un país; también son usados con un sentido comparativo, para medir los avances y desniveles entre los países o regiones. Esto ha permitido tener una noción que permite identificar y comparar los principales rasgos económicos, políticos y sociales (p. 17).

 

Índice de Desarrollo Humano (IDH)

 

 

Se hace pertinente, exponer que el IDH, expresa el nivel de vida de una persona; es una expresión numérica multi- variable conformada por tres dimensiones básicas del desa-


rrollo de las personas: vida larga y saludable, conocimientos y nivel de vida digno. Es evaluado entre el 0 y el 1, siendo el 1 el valor más elevado del IDH. En este sentido, Molina y Pascual (2014, p.1), expresan lo siguiente: “El IDH es un índice compuesto del índice de salud, índice de educación y el índice de ingresos”. Asimismo, este índice conjuga varia- bles sociales (expectativa de vida y educación), con varia- bles económicas (ingresos per cápita), que permiten deter- minar el nivel de vida de las personas, las cuales, considera- das en forma general, representan el índice de desarrollo humano en cada país. Suárez (2019, p. 60), expone que: “el desarrollo humano refleja los avances en bienestar, libertad o felicidad de las personas”.

 

Índice de Desigualdad Humana (IDH-D)

 

 

Ahora bien, el IDH-D , es la expresión que da a conocer el porcentaje de una población que está fuera del nivel de vida descrito en el IDH; vale decir,   se considera un ajuste al IDH, los organismos multilaterales establecieron el IDH- D, que debe ser interpretado como aquella franja de la po- blación, expresada en porcentaje, que está con un nivel de vida inferior al expresado en el indicador que se desea ajus- tar, para aproximarlo a la realidad social que vive una po- blación en un país determinado, indicando implícitamente los niveles de exclusión social. Para Molina y Pascual (2014, p. 15), el IDH es más bajo cuando se da la pobreza y la desigualdad en un Estado, por lo que comprueba que la pobreza y la desigualdad social impiden el desarrollo hu- mano y el estado de bienestar. Al respecto, Falcón (2018), expone:

Para tener una aproximación cuantitativa del im- pacto de la desigualdad en el desarrollo humano, el PNUD calcula un ajuste al IDH a partir de la desigualdad que pueda darse en cualquiera de las dimensiones, esto es en educación, salud o ingre- sos; así se obtiene el Indicador de Desarrollo Hu-


 


mano ajustado por desigualdad (IDH-D). (p. 12).

 

En este orden de ideas, el IDH-D, representa un reto para los gobiernos que deben lograr que el mayor número de sus pobladores estén, en cuanto al desarrollo humano, fuera de los rangos preocupantes de desigualdad social, ya que, ello representa mayor pobreza que la anunciada en el desarrollo humano. Casas (2020, p. 45) expresa: “la medición de la desigualdad y la pobreza permite identificar quiénes requie- ren ayuda pública para mitigar sus efectos negativos”.

 

Producto interno Bruto (PIB)

 

 

El Producto interno bruto (PIB), representa las riquezas producidas en un periodo determinado; ofrece potencial- mente la oportunidad de bienestar a la población; por ello, se considera el desarrollo de un país, como determinado por los bienes y servicios cuyos habitantes logren ofrecer; no sólo hacia su interior, sino, hacia el mundo entero, con el fin de generar riquezas que permitan ejecutar un presupuesto que sustente el gasto público, para el funcionamiento del Estado y la inversión en obras que aumenten su capital. Según Uhsca, et al. (2019):

El producto interior bruto (PIB), inventado en la década de 1940, es un indicador clave de la políti- ca económica; se considera un referente para la medición de la magnitud de la economía de un país y es comúnmente el anclaje de otros indica- dores importantes, como el déficit fiscal y el índi- ce de desarrollo humano (IDH). (p. 371).

 

Coincidiendo con lo expresado anteriormente, Pérez (2016, p. 76), afirma:

En los manuales de fundamentos e introducción a la economía resulta un lugar común plantear que el crecimiento económico es el aumento o expan- sión cuantitativa de la renta y del valor de los bie- nes y servicios finales producidos en el sistema


económico –sea regional, nacional o internacional

– durante un determinado periodo de tiempo –por lo regular durante un año–, y se mide a través de la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) (p. 76).

 

Índice de Gini (IG)

 

 

Es importante destacar que, desde 1912, se ha estudiado la desigualdad en cuanto a la distribución de ingresos entre la población, con el llamado Índice de Gini, el cual permite conocer las diferencias entre las proporciones acumuladas de población e ingreso. Este índice es reconocido por Lizá- rraga (2013, p. 67), para: “cuantificar los niveles de de- sigualdad de ingresos, que toma valores entre 0, cuando existe completa igualdad en la distribución del ingreso, y 1, en caso de completa desigualdad”. Asimismo, según Her- nández et al. (2020, p. 53), “El Índice de Gini, es un valor numérico (entre 0 y 1) que expresa la magnitud de una rela- ción desigualitaria. Se denomina Coeficiente de Gini (CG) al resultado de multiplicar el IG por 100”. Por su parte, Fa- vila y Navarro (2017, p. 83) explican: el Coeficiente de Gini provee una medida más exacta de la magnitud de la de- sigualdad, una descripción de los datos que arroja”.

 

Interpretando las citas anteriores, se puede afirmar que, un desarrollo armónico en un país determinado, pudiera estar sustentado en la apreciación de la distribución equitati- va de las riquezas entre todos los sectores que conforman la vida nacional, beneficiados proporcionalmente a lo planifi- cado, en un periodo determinado, tal cual lo mide el IG. En este sentido, Gasparini et al., (2018, p. 14) señalan: “Gran parte de la discusión sobre la equidad distributiva se realiza en torno a indicadores resumen de uso frecuente, como el coeficiente de Gini”.

 

En este sentido, la problemática estudiada, tiene que ver


 


con los hallazgos observados en los diferentes informes de los organismos multilaterales referidos a los aspectos socia- les y económicos que influyen en el bienestar social de las poblaciones; por ello, se enuncia como objetivo general: proponer el círculo de bienestar social óptimo en América Latina (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconómica; tomando en cuenta para ello, los valores de: el Índice de desarrollo humano (IDH), Índice de desigualdad humana (IDH-D), Producto interno bruto (PIB) e Índice de Gini (IG), como los principales indi- cadores en el área social y económica, que pudieran discri- minar significativamente en este ofrecimiento.

 

Ahora bien, la pertinencia del presente trabajo de investigación se aprecia por lo recurrente que ha sido el empeño de los organismos multilaterales en destacar cada año los avances o retrocesos en el mundo, en cuanto a los indicadores señalados; tal como expresan Cárdenas y Mi- chel (2018):

Existen formas de medir el desarrollo económico y social dentro de una economía. Como se puede ver, se incluyen los tres aspectos del desarrollo: el económico, el social y el ambiental. En primer lugar, el crecimiento o desarrollo económico se mide de acuerdo a elementos cuantitativos como lo es el aumento en la producción real, calculado por medio del Producto Interno Bruto o PIB total y PIB per cápita; en segundo lugar, el desarrollo social, al que se le atribuye elementos cualitativos

-como lo es el cambio en el nivel de vida y bie- nestar de una sociedad, se mide comúnmente con base en el Índice de Desarrollo Humano (p. 59).

 

La cita anterior, corrobora la selección de los indicado- res sociales y económicos para la realización de la presente investigación, ya que, abarcan dimensiones de significativa interrelación con el contexto nacional en cada país; por lo tanto, sus resultados tendrán la validez para la construcción


del círculo de bienestar social óptimo en América Latina, en la cohorte: 2018-2020.

 

Ahora bien, en el último año de la cohorte que se anali- za, la aparición del virus denominado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), como COVID-19, que generó un nivel de infección mundial, obligó a decretar una pande- mia por la misma organización, sugiriendo medidas preven- tivas para evitar nuevos contagios y cortar la cadena de tras- misión de la enfermedad, tales como: confinamiento fami- liar y paralización de empresas y comercios, así como, acti- vidades sociales públicas. La particularidad de este periodo, se aprecia en lo expuesto por Suárez-Brito (2022, p. 6) quien afirma: “la superación de la pandemia de COVID-19 supone una nueva forma de afrontar el mundo que conoce- mos. Se abre una posibilidad de diálogo entre culturas que plantea un reconocimiento de la diversidad sin renunciar a las particularidades”.

 

Metodología

 

La presente investigación se inscribe en el enfoque epis- témico del positivismo, ya que, se utilizó la información de los organismos multilaterales, tal cual es ofrecida por estas entidades; además, se analizan los aportes de reconocidos autores en lo referente a la realidad socioeconómica en la actualidad de América Latina, a través de sus obras y artícu- los científicos relevantes y pertinentes para las investigacio- nes en el área de las ciencias sociales, así como los infor- mes de los organismos multilaterales, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD-ONU) y la Comisión Económica para la América Latina y el Caribe (CEPAL), entre otros.

 

En este sentido, Cohen y Gómez (2019, p. 21), exponen: “En las ciencias sociales, la medición es el resultado de un


 


desarrollo en el que intervienen tres dimensiones: concep- tual, metodológica y empírica. Obviar o minimizar el trata- miento de alguna de ellas conduce necesariamente a medi- ciones no confiables ni válidas”. Igualmente, Cook y Rei- chardt (como se citó en Hurtado 2010, p. 53), exponen: “el enfoque epistémico positivista, utiliza métodos cuantitativos y estadísticos, se basa en fenómenos observables suscepti- bles de medición, análisis matemáticos y control experi- mental”.

 

Por otra parte, se debe resaltar que, para el abordaje de la problemática plateada sobre la realidad socioeconómica de América Latina, se asume el paradigma cuantitativo con un diseño documental bibliográfico, consistente en la revisión de documentos oficiales de los organismos multilaterales y autores especialistas en el área. Asimismo, el estudio se cataloga como longitudinal, porque se estudia en el trienio 2018-2020; siendo la técnica observación documental la utilizada para la recolección de la información. En este or- den de ideas, se destaca, según (Ramos 2015, p. 10), que: “un paradigma engloba un sistema de creencias sobre la realidad, la visión del mundo, el lugar que el individuo ocu- pa en él y las diversas relaciones que esa postura permitiría con lo que se considera existente”.

 

Finalmente, para el análisis de la información, se empleó la estadística descriptiva que permite la determinación de medias y promedios, como base de comparación entre los miembros de la muestra de una manera organizada y objeti- va, facilitando la respectiva discusión de los resultados y las conclusiones que describen la realidad estudiada con una aproximación significativamente confiable. Es así, como explica (Domínguez (2007, p. 5), que: “la producción bi- bliográfica cuantitativa se orienta principalmente hacia los estudios que exponen sólo clasificaciones de datos y des- cripciones de la realidad social y, en menor medida, hacia


estudios que intentan formular explicaciones”.

 

 

Resultados y Discusión

 

Los indicadores sociales construidos desde las ciencias exponen la realidad de cada país en el planeta. Su institucio- nalización ha servido para establecer referentes de compara- ción utilizados por los organismos multilaterales y por los gobiernos para calificar el desempeño de la gerencia en las diferentes latitudes o para visualizar las tendencias en cuan- to a un aspecto en particular. Es así como, desde la Organi- zación de Cooperación para el Desarrollo Económico, [OCDE] (2018), se afirma:

La región está experimentando una recuperación moderada, después de varios años de ralentización de la actividad económica. Esta trayectoria econó- mica, con una tenue recuperación en marcha, es otro de los factores que explica el deterioro de la confianza de los ciudadanos, particularmente en un contexto mundial de alta incertidumbre (p. 27).

 

Ahora bien, en el presente estudio, se toman en cuenta como indicadores sociales, los siguientes: Índice de Desa- rrollo Humano (IDH), Índice de Desigualdad Humana (ajuste del IDH-D), Producto Interno Bruto (PIB) y el Índi- ce de Gini (IG). Todos estos instrumentos incluyen compo- nentes del ámbito social, tales como: educación, tasa de escolaridad, permanencia de la matrícula escolar, empleo, producto per cápita, expectativa de vida, producción de riquezas, importaciones y exportaciones de bienes y servi- cios e inversión fiscal, los cuales permiten tener una visión del cometido del gobierno en cada país, además de referen- tes de comparación.

 

Como ya se ha expuesto, el IDH relaciona variables económicas y sociales para determinar una condición de vida de los ciudadanos en un país determinado; es así, como


 


la educación y el empleo son considerados para lograr su cálculo; a manera de ejemplo: si se tienen 2 empleados con el mismo ingreso y nivel educativo, pero habitando en luga- res con diferente inflación, quien se desenvuelva en la eco- nomía con menor índice inflacionario, tendrá mayor nivel de vida, es decir, mayor IDH, con respecto a quien viva en una localidad con inflación elevada. En el cuadro siguiente se especifican los elementos que se toman en cuenta para la construcción del IDH.

 

Cuadro 1.

Componentes del Índice de Desarrollo Humano (IDH)

 

Tipo

Dimensiones

Descripción del

indicador

 

 

Social

Esperanza de

vida al nacer

Tener una vida larga y

saludable

 

Conocimiento

Tasa de alfabetización de adultos.

Tasa bruta de escolariza- ción en primaria, secunda- ria y terciaria.

 

Económico

Producto

interno Bruto per cápita

Medido por el Producto

Interno Bruto total Per cápita

Fuente: Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD-ONU. (2018)

 

Se aprecian en el cuadro anterior, los factores que con- forman el IDH en el ámbito de lo social y lo económico, con dimensiones sociales que tienen que ver con la salud, la educación y lo económico, en la producción de las riquezas. Cabe destacar que, la importancia de la educación la expre- sa Estrada (2022, p. 6), al afirmar: “la preocupación por dotar a la gente de una buena educación se hizo evidente, al menos desde los tiempos de la antigua Grecia, donde las personas con cierto grado de preparación eran consideradas

<superiores>”. Igualmente, Allard et al., (2016, p. 105), exponen: “la lucha contra la pobreza y, más recientemente, la superación de las brechas de desigualdad, han motivado


un importante esfuerzo por garantizar derechos  como la salud y la educación”.

 

Ahora bien, en la tabla siguiente, se muestran las varia- ciones del IDH en América Latina, durante el trienio 2018- 2020, lo cual permite analizar las tendencias mostradas en América Latina con relación a la calidad de vida de sus poblaciones, conjugando los indicadores que conforman este aspecto.

 

Tabla 1.

Índice de Desarrollo Humano (IDH) en América Latina.

Periodo 2018-2019-2020

 

 

País

Año

2018

2019

2020

Argentina

.831

.830

.845

Bolivia

.703

.703

.718

Brasil

761

.764

.765

Chile

.843

.847

.851

Colombia

.750

.761

.767

Costa Rica

.794

.794

.810

Cuba

N.D.

N.D.

N.D.

Ecuador

.752

.758

.759

El Salvador

.674

.667

.673

Guatemala

.650

.651

.663

Haití

.498

.503

.510

Honduras

.617

.623

.634

México

.774

.767

.779

Nicaragua

.658

.651

.707

Panamá

.789

.795

.815

Paraguay

.702

.724

.729

Perú

.759

.739

.777

R. Dominicana

.745

.745

.756

Uruguay

.736

.809

.817

Venezuela

.761

.726

.711


 

País

IDH

IDH-D

Ajuste %

Argentina

.845

.725

13.7

Bolivia

.718

.516

24.6

Brasil

.765

.578

25.5

Chile

.851

.709

16.7

Colombia

.767

.595

21.3

Costa Rica

.810

.661

18.4

Cuba

N.D.

N.D.

N.D.

Ecuador

.759

.616

18.8

El Salvador

.673

.529

21.4

Guatemala

.665

.401

27.5

Haití

.510

.303

40.6

Honduras

.634

.472

25.6

México

.729

.613

21.3

Nicaragua

.707

.505

23.4

Panamá

.815

.643

21.1

Paraguay

.729

.557

23.5

Perú

.777

.628

19.2

R. Dominicana

.756

.595

21.3

Uruguay

.817

.712

12.7

Venezuela

.729

.557

17.3

 

 
Fuente: Informes sobre Índice Desarrollo Humano (PNUD/ ONU). (2018, 2019 y 2020).

 

Del análisis del cuadro anterior, se desprende que, la mayoría de los países de América Latina, en los últimos años del trienio estudiado, bajaron su clasificación en el IDH, comparado con el primer año del periodo estudiado, especialmente, Colombia y Perú; sin embargo, Venezuela ha mantenido durante la cohorte valores significativamente superiores a la media de la escala de medición de este indi- cador.

 

En general, se aprecian valores del IDH aceptables, lo cual pudiera representar que, el subcontinente muestra una calidad de vida medianamente adecuada en cuanto al desa- rrollo humano. Coincide esta afirmación con lo señalado en el Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (2018, p. 96), donde se plantea: “se observa un avance en el Índice de Desarrollo Humano de los países seleccionados en las casi tres últimas décadas, en donde solo Chile y Mé- xico se ubican por encima del promedio de América Latina (IDH 0.759)”.

 

Es importante destacar que, el IDH-D también toma di- ferentes valores entre los países de América Latina como se expone en la tabla siguiente, donde se puede apreciar la tendencia que ha logrado establecer en el último año de la cohorte que se estudia.

 


Tabla 2.

Índice de Desigualdad Humana (IDH-D) en América Lati- na. 2020


 

 

Fuente: Informe de Desarrollo Humano, PNUD/ONU (2020).


 


En el análisis de la tabla anterior, se aprecia que, el ajus- te de la variación del valor del IDH en todos los países, es hacia abajo, siendo en algunos, superior a la cuarta parte del


ro.


 

 

Ahora bien, el cálculo del PIB responde a la resultante


nivel inicial, con la excepción de Haití, que supera el 40%, lo cual es de esperarse, por la situación socioeconómica que allí se vive.

 

Ahora bien, es importante resaltar que, en las economías estables, los valores iniciales del IDH varían muy poco al aplicarle el ajuste estudiado; por ello, en el caso de América Latina, esta variación se puede considerar significativa en los casos de Brasil, Bolivia, Guatemala, Honduras y Para- guay, que tienen pérdida por ajuste superior al 23% del IDH.

 

El promedio porcentual del ajuste en el IDH, es de 21.6%, estando Venezuela por debajo de este valor, con un

17.3 % de ajuste, lo que se puede interpretar, como una consecuencia de la implementación de políticas públicas inclusivas en el país. En este orden de ideas, Molina y Pas- cual (2014, p. 15), expresan lo siguiente: “El IDH es más bajo cuando se da la pobreza y la desigualdad en un Estado, comprobándose que la pobreza y la desigualdad social im- piden el desarrollo humano y el estado de bienestar”.

 

Asimismo, la afirmación anterior es respaldada por los planteamientos de González (2016, p. 212), al exponer: “El dinamismo de la economía en las últimas décadas encuentra su referente en la mejora de los indicadores básicos del desarrollo humano, aunque también expresa, paradójica- mente, el avance de la desigualdad”.

 

Vale decir, que el IDH-D viene a exponer la situación de un país en un determinado momento con mayor aproxima- ción a la realidad, permitiendo a los gobernantes planificar las políticas públicas con base a un contexto social verdade-


de sumar incógnitas de una ecuación. El método más utili- zado es el enfoque del gasto, que contabiliza el gasto total en bienes y servicios finales en cuatro áreas: consumo (C), inversión (I), gobierno (G) y exportaciones netas (Xn). El enfoque del gasto para calcular el PIB puede expresarse como una ecuación:

C + I + G + Xn = PIB

 

 

El PIB es expresado en miles de dólares. Cuando en un país, alguno de estos valores se excede lo que los naciona- les han producido en un periodo determinado, puede produ- cirse un decrecimiento económico en el marco de una eco- nomía desequilibrada.

 

En este sentido, este indicador tiene gran significación para el estudio de las condiciones socioeconómicas de un país y es un valor fundamental para evaluar la gestión de una administración pública. Al respecto, Vaca y Barón (2022), expresan: “el Producto Interno Bruto pretende ser una medida armonizada de la producción, su uso se exten- dió hasta ser comprendido como una medida de bienestar y el principal indicador económico”, (p. 8).

 

En la tabla número 3 siguiente, se expone el comporta- miento del PIB en la región estudiada, para analizar la pro- ducción de riquezas con la cual ha contado el Estado de cada país para la implementación de sus políticas públicas, debiendo tener como norte el bienestar social.


 


Tabla 3.

Crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en América Latina (2018-2020).

 

País

Año

2018

2019

2020

Argentina

-0.3

-1.8

-10.5

Bolivia

4.3

4.0

-8.0

Brasil

1.6

0.8

-5.3

Chile

3.9

2.8

-6.0

Colombia

2.7

3.1

-7.0

Costa Rica

3.3

2.5

-4.8

Cuba

1.5

0.5

-8.5

Ecuador

1.5

0.2

-9.0

El Salvador

2.4

2.3

-8.6

Guatemala

2.9

2.9

-2.5

Haití

1.8

0.9

-3.0

Honduras

3.9

3.5

-8.0

México

2.2

1.0

-9.0

Nicaragua

0.5

-5.0

-4.0

Panamá

5.2

4.9

-11.0

Paraguay

4.4

1.6

-1.6

Perú,

3.6

3.2

-12.9

R. Dominicana

5.4

5.5

-5.5

Uruguay

2.3

0.3

-4.5

Venezuela

-12.0

-23.0

-30.0

Fuente: Informe anual CEPAL (2018, 2019 y 2020)

 

 

El análisis de la tabla anterior, permite determinar que el PIB en América Latina en el periodo 2018-2020, ha sido muy bajo o negativo, destacando los últimos dos años, don- de se aprecian decrecidos o ralentizados en términos gene-


rales; asimismo, se observan variaciones en cuanto a nivel de estas condiciones en los diferentes países de la región. Esta situación trae efectos en las diferentes economías, in- fluyendo también en el bienestar social de la población.

 

Es importante resaltar que, en las ciencias económicas, el PIB es un determinante de gran poder discriminatorio en la conformación de un desarrollo económico y de una reali- dad social con la calidad de vida de los ciudadanos y su bienestar social; en este sentido, para Márquez, et al. (2020,

p. 251): “la definición de ‘desarrollo económico’, se basa en la transformación de las estructuras económicas para satis- facer las necesidades de la población, asegurándole un ma- yor bienestar general”. Así también, lo expresado por la Corporación Andina de Fomento (2020) viene a corroborar- lo cuando expone:

El problema de la productividad, se profundiza en los problemas dentro del sistema económico, encontrándose que el débil desempeño de Améri- ca Latina en términos del crecimiento de su PIB se debe en gran medida al escaso aumento de su productividad (p. 17).

 

En el indicador inmediato anterior, se habló de la impor- tancia de las riquezas producidas en un país, para sustentar económicamente el funcionamiento del Estado y la ejecu- ción de obras o inversiones de carácter público. Ahora bien, es importante destacar que, la sociedad está segmentada, en clases sociales y en lo referente al ámbito privado o públi- co; por ello, las riquezas deben manejarse a modo de permi- tir un equilibrio entre todos los segmentos o sectores de la sociedad, para minimizar las desigualdades. En su informe anual para este indicador, la Organización de Estados Ame- ricanos [OEA], (2011, p. 24) señala: “Existe desigualdad en el plano social, cuando individuos que pertenecen a catego- rías distintas reciben, por ello, tratamiento y beneficios dis- tintos, desde el punto de vista legal o material”


 


En este orden de ideas, la aplicación del coeficiente de Gini se hace pertinente para determinar el término con el cual se puede catalogar la distribución de las riquezas pro- ducidas en un país de la región estudiada, que como ya se indicó, afecta la situación económica y social en la realidad nacional, en términos de las políticas públicas, para propi- ciar el bienestar social. Al respecto, afirma Casas (2020):

La política de redistribución es eficaz en socieda- des que: i) tienen coeficientes de Gini más eleva- dos y ii) la distancia entre los deciles 4 y 5 sean cercanos, ya que, de no ser así no habría variación sustancial en las tasas de pobreza, (p. 56).

 

En la tabla siguiente, se expone la forma como se han distribuido o hacia donde se han inclinado con mayor fuer- za los ingresos aportados al presupuesto público en los dife- rentes países de América Latina, en el periodo 2018-2020, de acuerdo al índice de desigualdad de Gini, el cual repre- senta una manera equitativa o no de implementar políticas públicas para lograr el bienestar social en una forma equi- valente a la distribución de los recursos.

 

Tabla 4.

Índice de Gini (IG) en América Latina. (2018-2020)

 

 

País

Año

2018

2019

2020

Argentina

.39

.40

.42

Bolivia

.45

.43

.43

Brasil

.54

.53

.49

Chile

.45

.45

.44

Colombia

.51

.52

.54

Costa Rica

.50

.49

.49

Cuba

ND

ND

ND

Ecuador

.44

.45

.47

El Salvador

.40

.40

.38

Guatemala

.53

ND

.48


 

País

Año

2018

2019

2020

Haití

N.D.

N.D.

.42

Honduras

.48

.49

.48

México

.50

.46

.45

Nicaragua

.49

ND

.46

Panamá

.51

.49

.49

Paraguay

.45

.43

.43

Perú

.45

.42

.43

R. Dominicana

.46

.43

.39

Uruguay

.39

.39

.40

Venezuela

.38

.42

.44

Fuente: CEPAL (2018); Banco Mundial (2020).

 

 

De la interpretación de la tabla anterior, tomando en cuenta que la igualdad perfecta es cuando el valor del IG es igual a 0 y la desigualdad máxima es cuando su valor es 1; se tiene que, los países con distribución más próxima a la igualdad de la distribución de los ingresos son: Uruguay y El Salvador, siendo los más desiguales: Colombia y Brasil. Por su parte, Venezuela se ubica en la categoría mediana- mente equitativa; por consiguiente, las desigualdades en cuanto a la inversión de las riquezas producidas en los dife- rentes países, coloca a América Latina en una región con una significativa desigualdad en cuanto a la distribución de las riquezas. En este sentido, expone la Comisión Económi- ca para la América Latina (2018):

La desigualdad de ingresos disminuye de forma significativa entre 2002 y 2017 (el índice de Gini se reduce del 0,53 al 0,47). Sin embargo, el ritmo de esa reducción se enlentece entre 2014 y 2017 y persisten altos niveles de desigualdad, posicio- nando a América Latina como la región más de- sigual del mundo (p. 1588).

 

Asimismo, al abordar el tema del IG en América Latina, Kessler (2019, p. 89), expresa: “Lo interesante para nuestro recorrido es que investigaciones y debates recientes


 


de la historia económica añaden matices a la idea de la ‘desigualdad persistente’ de Latinoamérica”. Sin embargo, se aprecian divergencias en lo planteado por la Comisión económica para la América Latina (CEPAL) (como se citó en Saraví, 2020), al expresar:

América Latina, si bien continúa siendo una re- gión profundamente desigual, habría experimenta- do desde principios del nuevo siglo y hasta 2015 aproximadamente una disminución más o menos significativa de la desigualdad. Con excepción de Costa Rica y Honduras, datos de la CEPAL mues- tran que entre 2002 y 2013 el Índice de Gini dis- minuyó en todos los demás países latinoamerica- nos (p. 73).

 

Ahora bien, es importante destacar que el resultado de la aplicación del IG en sí mismo, no evalúa una determinada gestión gubernamental, solo cualifica el nivel de equidad. Se afirma lo anterior porque, el desequilibrio en la distribu- ción puede estar inclinado a una clase social o sector de la sociedad, sin necesariamente ser el más vulnerable, como sería lo esperado.

 

Es importante señalar que, la realidad develada por el seguimiento de los indicadores: IDH, IDH-D, PIB e IG en la presente indagación, comprueban que América Latina está conformada por países con una condición de su pobla- ción aceptable en el marco del bienestar social, con una condición medianamente admisible y países con una situa- ción deplorable con relación a la situación socioeconómica. Sin embargo, es posible establecer algunos parámetros que se consideren óptimos, que se pueden construir como refe- rentes de una realidad deseada por parte de los ciudadanos y al mismo tiempo para el establecimiento de metas para la gestión pública de los diferentes gobiernos de la región. Todo ello, representado en una figura que se denomina Círculo del Bienestar Social Óptimo, como un aporte de los


autores del presente trabajo a la gerencia pública.

 

 

Figura 1.

Círculo del Bienestar Social Óptimo


 

 

Leyenda: Índice de Desarrollo Humano (IDH), Índice de desigualdad humana (IDH-D), Producto interno bruto (PIB) e Índice de Gini (IG).

Fuente: Elaboración propia (2022).

 

 

El Círculo del Bienestar Social Óptimo, es una figura que idealiza la situación de un país, en el cual su población goza de satisfacción plena en cuanto a su bienestar social. Se debe interpretar de la siguiente manera: IDH es un nivel de calidad de vida, por lo tanto, si su escala de valoración está entre 0 y 1, lo ideal es que su cuantificación se aproxi- me a 1.

 

Ahora bien, el IDH-D es un ajuste al IDH por lo general hacia abajo, por ello, en la medida en que éste sea menor, es más ideal. Igualmente, el PIB, se conforma con todas las


 


riquezas que producen los habitantes de un país; es así co- mo, mientras más alto sea el mismo, más se aproxima a lo ideal. Finalmente, el IG describe la forma como se distribu- yen las riquezas entre los sectores que conforman un país, de tal manera que, en la medida en que la desigualdad de ese reparto sea menor, será más ideal.

 

Conclusiones

 

Se retoma en este aparte el propósito enunciado con an- terioridad para elaborar las conclusiones en forma de res- puesta de manera concreta. Se trató de abordar mediante un contenido, el siguiente objetivo: proponer el Círculo de bie- nestar social óptimo para América Latina, analizando infor- mación de fuente fidedigna en el trienio (2018-2020), como herramienta para el diagnóstico de la situación socioeconó- mica.

 

En este sentido, los indicadores: IDH, IDH-D, PIB e IG, reflejan adecuadamente la realidad socioeconómica de América Latina y están reconocidos por los organismos multilaterales, ante los cuales, diferentes autores han pre- sentado metodologías para determinar su expresión cuanti- tativa, sirviendo de referente de comparación para cualificar el desempeño de un gobierno; al mismo tiempo, pueden ser considerados para las diferentes latitudes del planeta.

 

Por otra parte, la Declaración Universal sobre los Dere- chos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Econó- micos, Sociales y Culturales, son instrumentos normativos del Derecho Internacional Público, que propenden a garanti- zar los derechos sociales de los ciudadanos a nivel suprana- cional. Igualmente, las Constituciones y otras leyes de los diferentes países en América Latina contienen normativas que le dan prioridad a los derechos humanos, sociales y


económicos de la población.

 

 

En atención a lo expuesto, el círculo del bienestar social optimo es una propuesta referencial de indicadores sociales y económicos que pueden constituirse como un conjunto de parámetros para evaluar la gerencia pública en América Latina, con la posibilidad de hacer extensiva su aplicación para otros continentes con características similares a las de esta región geográfica.

 

Finalmente, todo lo anterior queda representado en una figura que se denomina Círculo del Bienestar Social Ópti- mo, como un aporte de los autores del presente trabajo a la gerencia pública, como referentes de una realidad deseada por parte de los ciudadanos y al mismo tiempo para el esta- blecimiento de metas para la gestión pública de los diferen- tes gobiernos de la región.

 

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